divendres, 11 de desembre de 2009

El cerdo y la neurocistercosis

La neurocistercosis es una enfermedad endémica a nivel mundial, principalmente entre países en vías de desarrollo. Por las manifestaciones clínicas se considera la enfermedad neurológica más importante en el mundo.
El agente causal tanto en cerdos como en humanos es el cisticerco de la Tenia solium, es una forma intermediaria o larvaria en el desarrollo del parásito que tiene una forma quística con una delgada pared semitransparente, puede alcanzar de 1 a 2 cm de diámetro cuando se aloja en músculos o en el cerebro y de 3 a 6 cm al estar en los ventrículos.
Es precursor del embrión hexacanto (seis ganchos) antes de convertirse en un gusano adulto o solitaria.
Los cisticercos provienen de los huevos producidos por el parásito adulto (solitaria), tras ser ingeridos por el ser humano (carne de cerdo infectada y mal cocida) o por el cerdo.
Los cisticercos se convierten en solitarias, las cuales viven en los intestinos del ser humano y generan miles de huevos que son expulsados con la materia fecal al medio ambiente.
Al ingerir el ser humano alimentos contaminados de los huevecillos, a través del torrente sanguíneo se van a alojar en distintos órganos, sobre todo en el Sistema Nervioso Central por lo que pasa a llamarse neurocisticercosis. Por lo que general, la sintomatología depende del número de quistes, así como de la respuesta inflamatoria del huésped y su localización; los sintomas aparecen cuando el parásito inicia el proceso de destrucción.
La epilepsia es la manifestación más común y se presenta entre 70% y 90% de los pacientes afectados en países en desarrollo.
Por consiguiente, en vista de que el ser humano es el único hospedero de la solitaria y de que tanto el hombre como el cerdo son los principales hospederos de los cisticercos, la prevalencia de la teniasis-cisticercosis depende del vínculo que el hombre establece son estos animales, que son los principales huéspedes intermediarios.
El diagnóstico se presenta por crisis convulsivas, cefalea, síntomas neurológicos focales y trastornos de la visión, hipertensión endocraneal y una tomografía computada con zonas rodeadas de un quiste con un anillo hipervascularizado.
El tratamiento con antiparasitarios se administra solo en la fase quística no calcificada. Pocos son los casos que ameritan tratamiento quirúrgico, como en la hidrocefalia (acumulación excesiva de líquido en el cerebro) o en el quiste intraventricular.